En nuestra nueva serie, analizamos el papel del gobierno corporativo y los Consejos de Administración, alta dirección y accionistas en el nuevo contexto global. En esta primera serie, repasamos las claves del gobierno corporativo y analizamos qué factores marcan el estado del arte del gobierno corporativo en los tiempos que estamos viviendo

Durante los últimos años fenómenos como el aumento de la figura de los inversores activistas (que buscan garantizar el mantenimiento y desarrollo de la valoración de las empresas de forma adecuada a la realidad y/o ayudan a las empresas a mejorar aspectos como el medio ambiente, diversidad (ESG), etc., así como garantizar el correcto funcionamiento de las mismas), ponen de manifiesto que la preocupación por contar con un sistema de vigilancia del correcto gobierno corporativo es ya una realidad. Y casos como el sucedido con la cotización de GameStop a inicios de 2021 lo ponen todavía más de manifiesto.

El gobierno corporativo no es ya sólo una cuestión ética, si no que los países están poniendo sobre la mesa medidas concretas para regir el marco legislativo y su correcta aplicación, con especial intensidad desde hace dos décadas. En Europa existe numerosa materia al respecto (en la que destacan textos como la Directiva 2017/828, cuyo objetivo es fomentar un mayor compromiso a largo plazo de los accionistas, o la 2019/1151). Por ejemplo, en España están vigentes la Ley de Sociedades de Capital, el Código de Buen Gobierno de las Sociedades Cotizadas (revisado en junio de 2020), la Ley de Auditorías de Cuentas y la Ley 11/2018. Estados Unidos es pionera en este campo mediante la ley Sarbanes-Oxley  (2002) y que sustituía la Ley de Valores de Estados Unidos del año 1933. En Ecuador, la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros de Ecuador expidió las “Normas Ecuatorianas para el Buen Gobierno Corporativo”.

Pero cuestiones legales a un lado, en la actualidad nadie duda que la hoja de ruta para que un proyecto corporativo llegue a buen fin (y, sobre todo, perdure en el tiempo), pasa por un gobierno que supere las expectativas y esté a la altura de los tiempos, especialmente los retos futuros. El problema es que estamos inmersos en un contexto liminal, en el que los cambios se suceden con excesiva rapidez y están obligando a los tomadores de decisiones (en el sentido amplio del término) a adoptar estrategias reactivas.

Hasta comienzos de 2020, existía un cierto consenso acerca de qué marcaba el ABC del gobierno corporativo, pese a los posibles cambios que la crisis financiera de 2008 introdujese. Generación de valor a largo plazo, transparencia, ecuanimidad en el trato a accionistas, diversidad y sostenibilidad, auditoría constante… Por supuesto estos elementos continúan formando parte de la checklist del buen gobierno corporativo, pero se antojan como cuestiones que ya nadie duda y que, posiblemente, no preparen a las empresas para escenarios como los vividos en los últimos dos años.

Es por eso por lo que, en esta nueva realidad, analizamos cuáles deben ser las claves del nuevo gobierno corporativo.

Espacios de diversidad, conversación, debate y discusión

Mientras que indicadores de igualdad y diversidad forman parte cada vez con más presencia (debido a la importancia, entre otros aspectos, de los criterios ESG), y ya nadie duda de que la diversidad (en todas sus variables) debe formar parte de la realidad del gobierno corporativo.

Por centrarnos en los consejos de administración, la composición de estos debe garantizar la diversidad de perfiles, de competencias, compromiso, independencia, relación con el CEO y los propios perfiles. Pero esta diversidad no debe limitarse tan sólo a estos elementos, sino también al calado de las conversaciones y discusiones.

Gracias a esta confluencia de diversidad multifactorial, y convirtiendo los Consejos en espacios de debate real, se evitará que se conviertan en cámaras de eco que generen visiones unilaterales que no responden a los requerimientos externos a la compañía, tanto de inversores como, especialmente, la sociedad.

Gracias a esta confluencia de diversidad multifactorial, y convirtiendo los Consejos en espacios de debate real

Con la vista en el largo plazo (pero, ¿qué es el largo plazo?)

Una de las constantes cuando se habla de gobierno corporativo es poner el acento en la importancia del foco en el largo plazo. Con un mundo corporativo que se mueve en ciclos temporales marcados por planes estratégicos a cinco o tres años, el largo plazo en ocasiones se reserva para cuestiones más de tipo medioambientales, dejando el resto de los criterios ESG y las cuestiones de negocio para el corto plazo, marcadas siempre por la generación de resultados. Por supuesto esto no es sencillo, pues aquí se produce un choque entre la generación de valor sostenido, la necesidad de generar dividendos para los inversores y garantizar capitalización de la empresa y las reservas de liquidez para todo lo que pueda ser necesario (desde crecer mediante M&A hasta, simplemente, contar con pulmón financiero para aguantar crisis cíclicas o inesperadas).

La clave de un correcto gobierno corporativo aquí es doble: por una parte, entender qué el concepto de largo plazo ha cambiado, y va más allá de una sucesión de planes estratégicos; y, en segundo lugar, actuar como alineadores de todos los elementos que generan disrupción o añaden ruido al debate largo plazo y corto plazo. Esto pasa por apostar por la rendición de cuentas y la medición constante, alinear culturalmente la organización o asegurar que el propósito, la visión, los objetivos estratégicos y los planes de acción apuntan en la misma dirección.

Catalizadores del espíritu de innovación permanente

Si damos por hecho que vivimos en tiempos liminales, y que somos incapaces de pronosticar con claridad lo que nos deparará el futuro, la labor del gobierno corporativo debe pasar no tanto por aventurar el qué cambiará, sino preparar a la organización para estar listos para el cambio permanente y una capacidad de reacción que convierta la reactividad en proactividad.

Así, uno de los objetivos de un correcto gobierno corporativo pasa por ser catalizadores de la innovación permanente. ¿Cómo se logra esto? Al igual que los Consejos asumieron el siglo pasado que, por ejemplo, la creatividad o las habilidades tecnológicas debían ganar peso, ahora es el momento de hacer hueco a la innovación. Esto pasa por la creación de roles de alta dirección relacionados con esta área, empotrándolos en los comités ejecutivos, dotándolos de contenido, funciones, objetivos y medidores. Esto implica que otros roles, como el CFO o el CHRO, sean también conscientes de la importancia de la innovación y también la tengan en cuenta en sus KPIs de estrategia y gestión.

Velar por la calidad de la información y la transparencia en la comunicación

Posiblemente uno de las grandes cuestiones/, y signo de los tiempos actuales, es el de la desinformación y el impacto que la misma tiene no ya en las organizaciones, si no en el mundo en que vivimos y la forma en que nos relacionamos. Es por ello por lo que uno de los objetivos de un buen gobierno corporativo debe pasar por garantizar la calidad, veracidad, transparencia y disponibilidad de la información.

Esto por supuesto debe funcionar en dos direcciones: en primer lugar, los Consejos de Administración y comités ejecutivos, especialmente, deben establecer los mecanismos de control necesarios y pertinentes para garantizar que la información con la que cuentan para la toma de decisiones estratégicas es la correcta. Y esto es una cuestión que afecta a personas (implementando en la organización una cultura de medición total y constante), tecnología (mediante soluciones de analítica y medición) y procesos.

Pero, una labor del gobierno corporativo actual es garantizar que la desinformación no actúa negativamente en la propia organización. Las empresas no son entes aislados del mundo, son organismos vivos y, por lo tanto, expuestos de igual forma a los grandes retos que vivimos como sociedad. Por tanto, una responsabilidad del gobierno corporativo también debe ser velar por la comunicación interna o, entre otros, por generar espacios de debate y conversación basados en la honestidad, transparencia y veracidad de la información.

Aperturismo de los consejos

Nadie duda ya de que contar con organizaciones más horizontales, o por lo menos lo suficientemente líquidas para permitir superar los inconvenientes de estructuras más rígidas sin renunciar a las ventajas de la jerarquía, representa una ventaja competitiva. Pero el aplanar la organización todavía tiene un reto por delante, que es el de abrir los Consejos de Administración, especialmente, al resto de organización. Tanto que estos se conviertan en espacios de conversación en los que determinados perfiles (tanto del Comité Ejecutivo, como líderes orgánicos que se encuentren a lo largo de todo el organigrama) puedan trasladar el pulso de la organización al Consejo, como que aspectos soft, más ligados al talento y personas que a la gestión pura y dura del negocio, formen parte también de la agenda de dicho consejo.

Si bien el correcto gobierno corporativo es parte de la agenda de todos los presidentes, Consejos e inversores, el panorama poscovid y la situación actual ha puesto de manifiesto la necesidad de afrontar nuevos enfoques al respecto. En las próximas entregas de nuestra serie, continuaremos analizando el fenómeno de la gobernanza corporativa y sus implicaciones para las organizaciones.

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